lunes, 1 de agosto de 2016

Colombia, tierra de call centers.

Cada vez parece más inevitable que la primera experiencia laboral de millones de colombianos sea trabajar en un call center. Este tipo de trabajo se ha convertido en una salida fácil para muchos que se tienen que agarrar de lo que sea para sobrevivir. Pero lo más frustrante de todo viene desde arriba, desde las altas esferas responsables de la construcción de políticas públicas para la generación de empleo.

Constantemente vemos como el Gobierno se jacta de sus ferias de empleo en las cuales hablan de miles de vacantes para profesionales y no profesionales. Ya he mencionado en otras oportunidades lo frustrante de estos “procesos de selección” que empiezan con un detalle que parece minúsculo, solo debes presentarte con tu cédula, he ahí el detalle. Estas ferias de empleo son un espacio para burocratizar, aún más, la búsqueda de empleo. Es cuestión de hacer filas, recibir fichas, llenar y llenar formas, presentarse a extensas jornadas en las que la solución más común es trabajar en un call center. Una de las mayores frustraciones pasa por los estudiantes y profesionales universitarios, aquellos que tienen que financiarse con migajas de un mercado laboral patético en el que todos, sin importar sus habilidades, son embutidos en esa maquila tercermundista que se muestra ante el mundo como competitiva.

Eres administrador? Trabaja en un call center. Eres politólogo? Trabaja en un call center. Eres publicista? trabaja en un call center. Sabes idiomas? Trabaja en un call center. Call Center Para Todos! Esta es la premisa de esta política de empleo, empleo barato e infeliz. Una política de empleo que no es capaz de desarrollar las habilidades y aprovechar el potencial de cada uno de los colombianos. Es un empleo frustrante, en el cual debes aguantar la mierda de un usuario insatisfecho por un servicio que tú no prestas o en el cual debes, como bien lo describiría Homero Simpson, telemendigar unos minutos de tiempo o una pequeña colaboración para vender bienes y servicios.
Así como es un trabajo frustrante, es frustrante que el Gobierno nos venda esto como una revolución del mercado laboral del mismo modo que nos vende la mentira que un programa de becas para “pilos” es una revolución educativa. Esto es en realidad un mercado de migajas, un mercado en el cual solo dan ganas de irse a otra parte a buscar la patria que te han negado aquí por no pertenecer a la rosca, por no pertenecer a esa miseria cultural en la cual no llegarás lejos si no sobas chaqueta o si no tienes un apellido de alcurnia.


Es el futuro de Colombia. Mientras aquellos que tienen la oportunidad se fugan con sus ideas a otra parte otros se hunden en un mar de frustración recibiendo migajas de un mercado laboral que en ocasiones no da ni para sobrevivir. No somos un país de científicos, no somos un país de ingenieros, no somos un país de intelectuales, somos un país del que hay que huir. Somos Colombia, tierra de call centers.


Jonathan Gamboa Melo
Politólogo, Universidad Nacional de Colombia. Twitter @GamboaM87

No hay comentarios.:

Publicar un comentario