Cada vez parece más inevitable que la primera experiencia
laboral de millones de colombianos sea trabajar en un call center. Este tipo de
trabajo se ha convertido en una salida fácil para muchos que se tienen que
agarrar de lo que sea para sobrevivir. Pero lo más frustrante de todo viene
desde arriba, desde las altas esferas responsables de la construcción de políticas
públicas para la generación de empleo.
Constantemente vemos como el Gobierno se jacta de sus ferias
de empleo en las cuales hablan de miles de vacantes para profesionales y no
profesionales. Ya he mencionado en otras oportunidades lo frustrante de estos “procesos
de selección” que empiezan con un detalle que parece minúsculo, solo debes
presentarte con tu cédula, he ahí el detalle. Estas ferias de empleo son un
espacio para burocratizar, aún más, la búsqueda de empleo. Es cuestión de hacer
filas, recibir fichas, llenar y llenar formas, presentarse a extensas jornadas
en las que la solución más común es trabajar en un call center. Una de las
mayores frustraciones pasa por los estudiantes y profesionales universitarios,
aquellos que tienen que financiarse con migajas de un mercado laboral patético en
el que todos, sin importar sus habilidades, son embutidos en esa maquila
tercermundista que se muestra ante el mundo como competitiva.
Eres administrador? Trabaja en un call center. Eres politólogo?
Trabaja en un call center. Eres publicista? trabaja en un call center. Sabes
idiomas? Trabaja en un call center. Call Center Para Todos! Esta es la premisa
de esta política de empleo, empleo barato e infeliz. Una política de empleo que
no es capaz de desarrollar las habilidades y aprovechar el potencial de cada
uno de los colombianos. Es un empleo frustrante, en el cual debes aguantar la
mierda de un usuario insatisfecho por un servicio que tú no prestas o en el
cual debes, como bien lo describiría Homero Simpson, telemendigar unos minutos
de tiempo o una pequeña colaboración para vender bienes y servicios.
Así como es un trabajo frustrante, es frustrante que el
Gobierno nos venda esto como una revolución del mercado laboral del mismo modo que
nos vende la mentira que un programa de becas para “pilos” es una revolución educativa.
Esto es en realidad un mercado de migajas, un mercado en el cual solo dan ganas
de irse a otra parte a buscar la patria que te han negado aquí por no
pertenecer a la rosca, por no pertenecer a esa miseria cultural en la cual no llegarás
lejos si no sobas chaqueta o si no tienes un apellido de alcurnia.
Es el futuro de Colombia. Mientras aquellos que tienen la
oportunidad se fugan con sus ideas a otra parte otros se hunden en un mar de frustración
recibiendo migajas de un mercado laboral que en ocasiones no da ni para
sobrevivir. No somos un país de científicos, no somos un país de ingenieros, no
somos un país de intelectuales, somos un país del que hay que huir. Somos
Colombia, tierra de call centers.
Jonathan Gamboa Melo
Politólogo, Universidad Nacional de Colombia. Twitter @GamboaM87