miércoles, 4 de octubre de 2017

De Merkel a Thatcher.



Angela Dorothea Kasner, criada en la Alemania Democrática, la Canciller, la mujer más poderosa del mundo, aunque hoy la reconocemos mejor por el apellido que adoptó de su primer matrimonio, Merkel.

El pasado 24 de septiembre Angela Merkel obtuvo en las urnas un renovado, aunque disminuido, respaldo a sus políticas. La campaña política no fue muy difícil, su principal contrincante, Martin Schulz, no se mostró muy distinto de Merkel durante la campaña; los debates políticos entre los dos fueron una charla condescendiente en vez de una contienda política entre dos proyectos distintos de nación. Merkel, fiel a un estilo moderado y contundente, logró para su partido político lo que ni siquiera Margaret Thatcher pudo, un cuarto mandato consecutivo como líder de su partido en el parlamento. Y es que son muchas las similitudes entre el Margaret y Angela, ambas estudiaron una ciencia exacta, Margaret química, Angela física, ambas fueron criadas en familias muy conservadoras (una familia metodista para Margaret y una familia con padre pastor luterano para Angela); y ambas fueron cobijadas por el líder político de su partido al cual terminarían “traicionando” después. En el caso de Thatcher cuando hizo a un lado a Ted Heath como jefe de los conservadores y para Merkel fue cuando denunció al propio Helmut Kohl luego de un escándalo con fondos a su partido.

Pero así como son muchas las similitudes entre estos dos fenómenos políticos también existen grandes diferencias. Thatcher fue traicionada por su partido político cuando quiso presentarse por cuarta vez consecutiva como líder de los conservadores, en aquella oportunidad fue desafiada por varios de sus copartidarios principalmente por Michael Heseltine. Merkel no ha sido traicionada por su partido, aún, y su popularidad se mantiene a flote desafiando la monotonía que pasa factura tanto en la política como en el amor.

Siguiendo con las diferencias entre Thatcher y Merkel podemos mencionar su accionar político. Thatcher era tajante, una mujer que odiaba el consenso, su ideología y sus principios no se negociaban. Para Thatcher cambiar de opinión era alta traición. Merkel en esto es muy diferente, Angela es pragmática, abierta al consenso, una mujer que sabe analizar a sus oponentes pero que del mismo modo sabe escuchar sus propuestas. Además, Merkel no tiene inconvenientes en cambiar de opinión y asumir responsabilidades respecto a opiniones pasadas tal y como sucedió con su cambio de postura respecto a la energía nuclear luego del desastre de Fukushima. Thatcher adoraba la confrontación, el debate sin tapujos, ese debate que era capaz de afrontar con gracia y sagacidad. Merkel prefiere mostrarse más pasiva y serena, expone sus argumentos sin necesidad de ser desafiante, fue de esta manera como logró doblegar los ataques de Gerhard Schöder cuando este era Canciller y contendiente como líder del Partido Socialdemócrata.

También es importante analizar brevemente la época en la que cada una de estas damas de hierro gobernaron. Thatcher definió una década marcada por los excesos del libre mercado y las turbulencias políticas producto del colapso de la Unión Soviética, su paso como Primera Ministra dividió las aguas de la política británica para siempre. La era de Merkel es distinta aunque igualmente agitada. Esta época es la de un mundo multipolar, una época marcada por el vacío de poder y la existencia de nuevos enemigos en el orden global, y en el caso de Alemania es una época en la que se está presenciando un auge de los extremismos políticos ante el temor de una pérdida de una identidad europea, el gran resultado del partido Alternativa para Alemania (AfD) así lo demuestra.

Seguramente se pueden encontrar más diferencias y similitudes entre la Baronesa Thatcher y Frau Merkel, pero lo que sí es innegable es que su impacto ha marcado y seguirá marcando generaciones de ciudadanos europeos. Curiosamente Thatcher alertó constantemente sobre los riesgos de la Unión Europea, mientras que Merkel la defiende a capa y espada, a tal punto que hoy figura como la líder política más importante de Europa.

Thatcher murió hace ya unos años, y su legado aun es producto de debates y controversias, mientras su legado se construía Angela Merkel era una brillante estudiante de doctorado en química cuántica. Un destino marcado por el final de la Guerra Fría pondría a estas dos excelsas damas en un punto clave de su carrera política. Para Margaret Thatcher el final de la Guerra Fría se daría en el ocaso de su popularidad, el controvertido Poll Tax y las disputas internas de su partido la dejarían sola y entre lágrimas al abandonar el número 10 de Downing Street, en aquellos años Angela Merkel iniciaba una carrera política llena de grandes expectativas producto de la reunificación alemana. Por aquellos años para Thatcher estaba casi todo consumado, mientras que para Merkel estaba todo por hacer.

Dos mujeres, dos realidades distintas, dos formas distintas de hacer las cosas, pero dos mujeres que se han sabido ganar su lugar en la historia del mundo.

“Un buen político siempre tiene dudas y, por tanto, revisa permanentemente sus respuestas.”
Angela Merkel

“Ser poderoso es como ser una dama. Si tienes que andar diciéndoselo a la gente, es que no lo eres.”
Margaret Thatcher.

Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia.


Recomendado: The Making of Merkel. El periodista Andrew Marr repasa la historia y el legado de Angela Merkel en un documental para la BBC (2013).


jueves, 8 de junio de 2017

De #Buenaventura a #Caracas

De Buenaventura a Caracas hay cientos de kilómetros de distancia, pero la coyuntura ha puesto a estas dos ciudades en medio de una caótica situación marcada por el oportunismo mediático. Son bien conocidos los factores de la crisis en ambas ciudades que viven en este momento en medio de una fuerte represión. En Buenaventura, la situación es un nuevo grito de auxilio por parte de un municipio abandonado no solo por parte del gobierno Santos, sino por los gobiernos de Uribe, Pastrana, Samper, Gaviria, y de ahí para atrás todos los presidentes de nuestra República. Bien es sabido que Buenaventura es una tierra rica en recursos y es uno de los puertos más importantes para el desarrollo del país, pero en pleno siglo XXI este municipio, bendecido por la majestuosa belleza del pacífico, sigue viviendo en medio de la precariedad social gracias a la negligencia de un estado eternamente centralista y corrupto. En Caracas la situación no difiere mucho en cuanto a la negligencia y la corrupción, Venezuela en sí es una tierra bendecida -o maldita- por una inmensidad de recursos energéticos que contrasta con la deplorable situación política y social que hoy en día viven sus habitantes.

No hay muchas diferencias en estos dos casos, ni siquiera en los métodos de censura. En Venezuela la censura se ejerce desde los medios de comunicación coartados desde hace mucho por el poder ejecutivo, del mismo modo, en Buenaventura la censura obedece más a un abandono histórico hacia esta ciudad por parte del sector privado que controla los medios de comunicación, históricamente Buenaventura no le importa a Caracol o RCN porque "eso queda muy lejos y no da rating". Las otras similitudes son aún más importantes y abarcan aspectos como el hambre, la crisis hospitalaria, la delincuencia, la migración constante y hasta la prostitución, aspectos bien conocidos paro que en este caso no son el punto central de esta columna. Lo que trataré de analizar en brevedad es el “impacto” mediático de esta coyuntura que se pretende resolver con hashtags.

Ya es costumbre la doble moral que aplicamos para este tipo de crisis pero aun así no deja de sorprender. No deja de sorprender como algunos condenan la represión en Venezuela pero la aplauden en Buenaventura porque “esos negros son unos vándalos”. Tampoco deja de sorprender la actitud de algunos que sí condenan la represión en esta perla del pacífico pero del mismo modo guardan silencio ante las balas y los arrestos indiscriminados de la Guardia Bolivariana. Aquí empezamos a ver que no nos importa realmente lo que sucede en Buenaventura ni en Caracas, hemos ajustado la coyuntura de acuerdo a nuestros intereses políticos con tal de satisfacer nuestra necesidad de protagonismo mediático. Los estamos usando, usamos a los que viven en medio de la miseria solamente para hacer ver mal al gobierno, usamos a los caen ante las balas y los gases solo para hacer ver mal a la dictadura del país vecino.

Hoy en día todos clamamos por un #SOSVenezuela o por un #SomosPacífico, pero más allá de eso en realidad no nos importa. Un hashtag solo sirve para llamar la atención, pero del dicho al hecho hay mucho trecho y es por esto que más allá del impacto mediático nuestras vidas siguen como si nada. Son muy pocos los que están plantados en la embajada de Venezuela clamando por la situación del país vecino, y somos menos los que deberíamos estar en las plazas exigiendo por nuestros compatriotas del pacífico. En realidad solo les importa a ellos, a los que lo viven de primera mano, a los que subsisten sin agua potable en Buenaventura, a los que ven un majestuoso puerto contrastado con unas pírricas carreteras, a los que tratan de salir adelante mediante expresiones culturales como Herencia de Timbiquí y tantos otros que han podido brillar a pesar del abandono a su región y que han encontrado en la cultura el camino correcto para superar la pobreza y la delincuencia. En ocasiones, hasta pareciera que nos importara un poco más, pero solo un poco más, lo que sucede en Venezuela pero es más por ver que los venezolanos están llegando y nos cuentan sus experiencias de primera mano, esos venezolanos a los cuales les prestamos más atención seguramente por no ser “negros” o por no estar aparcados en las aceras de las ciudades. La intención no es poner a una situación en contra de la otro, ni poner a una población en contra de la otra pero, de hecho, el impacto mediático nos hace sentir que Caracas estuviera más cerca que de Buenaventura.


Y así será el resto de los días, hasta que el desgaste nos haga olvidar Caracas con una nueva constitución amañada y hasta que el Gobierno “enrede” a los habitantes del bello puerto del mar con promesas de una vida mejor a cambio de favores electorales para el 2018, favores que deberán pagar a cambio del paro que se acaba de levantar. Dos ciudades, dos realidades similares, un destino similar, el oportunismo mediático que lleva siempre olvido. Es lamentable que estos llamados de atención sirvan de poco, que una crisis coyuntural, como en Buenaventura, o un desastre natural, como en Mocoa o en Bahía Solano, sean las únicas formas que tengamos para recordar estos lugares apartados del país que muchos ni siquiera saben ubicar en el mapa. Y sí, más allá de lo triste que pueda ser la situación en Venezuela, es triste que sintamos más cerca a Caracas que a cualquier municipio apartado de nuestras grandes ciudades.


Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia

Twitter/instagram: @GamboaM87

lunes, 8 de mayo de 2017

Sin un libro entre mis brazos.




Terminó la 30a Feria Internacional del Libro de Bogotá. Esta vez la experiencia no fue tan grata como en ocasiones anteriores. Suelo ir a la feria cada dos o tres años y lo hago como una sana costumbre para despejarme y vivir una experiencia académica y cultural, pero esta vez fue todo lo contrario. De entrada te encuentras con la ya habitual extensa fila del último domingo de la feria, y digo habitual porque ese suele ser el día al que asisto normalmente cuando se me presenta la oportunidad. También es habitual encontrar demasiada gente que también quiere vivir esa experiencia cultural, otros que quieren aprovechar ofertas y alguno que otro quiere curiosear.

Tuvimos la fortuna, junto con mi Mamá y mi sobrino, de llegar temprano y admirar el pabellón de Francia, era grande y bello pero me fui con la sensación de que había sido muy poco. Después de tanta publicidad esperaba una experiencia más majestuosa. Sí, son muy lindas las caricaturas y el pequeño cafetín que tienen allí, pero al salir del pabellón me fui con una sensación de ¿eso es todo?

Por supuesto que no todos los males de la feria son culpa de la organización, allí en el pabellón francés te empiezas a topar con ese tipo de personas que no tienen conciencia del “otro”, personas que pasan horas mirando las bellas ilustraciones allí expuestas pero sin dejar mirar a los demás, sin dejar de nombrar a las decenas de personas que posan una y otra vez para tomarse su mejor selfie mientras obstaculizan el paso de los demás. Eso era tan solo un abre bocas, de ahí en adelante todo se pondría peor.

Pabellones llenos y abarrotados de gente. Insisto, en ocasiones anteriores también he asistido el último domingo de la feria pero esta vez fue imposible. Era como entrar o salir de un Transmilenio en hora pico, gente atravesada en los pasillos para tomarse fotos o para ver durante minutos el libro que al final no iban a comprar, personas abarrotadas sobre vitrinas o estantes que no dejaban ver a los demás, gente sentada en el piso como si fuera un parque, gente que dejaba coches de bebé atravesados en cualquier lugar, en ocasiones sentía como si tuviera que hacer fila solo para poder mirar, sin olvidar los personajes cargados de paquetes que no tienen el menor cuidado en ponértelos sobre el cuerpo e incluso sobre la cara y sin olvidar tampoco a los zombies que no admiran la feria sino que están pegados a su celular, esos zombies que te encuentras en cualquier parte de la calle y que andan sin conciencia de la gente a su alrededor.

Ahora, lo de la gente es una cuestión cultural, vivimos en un país donde ya se nos olvidó hasta andar por la derecha o respetar el paso de alguien. Pero volvamos al otro gran problema, el de contenido. Los pabellones son como una especie de Deja Vu, y no lo digo por la excesiva cantidad de pabellones de la Panamericana, lo digo porque muchos de estos pabellones ofrecen lo mismo. Autosuperación, yoga, mandalas para colorear, recetas (porque ahora todos son chefs), Juego de Tronos, narcos, “paz” en Colombia, youtubers, y mucho García Márquez (es evidente el eterno legado del Nobel en nuestra cultura, pero no todo en la vida literaria de Colombia es Gabo). Tampoco puedo dejar de mencionar la excesiva dosis de Marvel y DC Comics que encontré en cada pabellón seguramente para saciar las necesidades de la generación “Bazinga”, son geniales los comics pero la moda Sheldon Cooper está arruinando este maravilloso arte.

Otro de los grandes problemas de esta feria estuvo en la poca cantidad de contenido en historia universal. Como muchos, soy un gran fanático de todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial pero ya se hace tedioso que este sea el único tema del que al parecer se puede encontrar amplio contenido, Enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial, Enciclopedia del Tercer Reich, Historia del Fascismo, Grandes Batallas de la Segunda Guerra Mundial, Armas de la Segunda Guerra Mundial, sin olvidar que cada pabellón e incluso casi cada stand contaba con sus respectivas copias de Mein Kampf. Allí, en medio de los tumultos podías encontrar uno que otro texto de la Primera Guerra Mundial o algo sobre historia de Colombia pero algo muy breve. Siguiendo con la tendencia histórica, es muy deprimente ver que ya no son tan populares las grandes biografías de Churchill, Gandhi, Mandela, entre otros; es cierto que los tiempos cambian pero es deprimente que las “grandes biografías” de ahora sean, por ejemplo, las de los “nenés” de One Direction o las de los actores del elenco de “Crepúsculo”. También deprime, por supuesto, tener que encontrar la promoción de los libros de nuestras "celebridades" como, por ejemplo, Jota Mario o Carolina Cruz.

Hay otro aspecto en la feria que va más allá de los libros, pasan los años y te vuelves a encontrar con los mismos stands de siempre. Caricaturas, llaveros, botones, afiches de bandas musicales, manga por aquí y animé por allá, cosas muy dignas de una feria del hogar pero que nunca les he encontrado cabida en una feria del libro. Curiosamente estos stands son los que más congestiones generan y son los mismos stands que veo desde que me llevaban a la feria cuando estaba en el colegio (finales de los 90). Seguimos nuestro recorrido, ya era mediodía y el hambre apremiaba, para nuestra desgracia llovió, y cuando parecía no caber más gente empezó a ingresar mucha mas en los pabellones, no fue tiempo para almuerzo sino para un pequeño refrigerio.

Mientras escampaba seguimos allí recorriendo algunos lugares, esta vez uno con un poco más de aire, el pabellón de las universidades. Publicaciones académicas que traen a mí la nostalgia de haber pasado por uno de los campus mas bellos del país, es allí donde encontramos breves momentos de paz. En el pabellón internacional también hubo momentos de paz, el bello stand de Brasil, el didáctico stand de Alemania o inclusive el stand de la Portugal de Pessoa fueron otros de los pequeños espacios dignos de un ambiente cultural.

Ya pasada la lluvia volvimos a intentar por el almuerzo pero el esfuerzo fue en vano. Aquí te encuentras con otro problema recurrente, un área de restaurante abarrotada digna de una competencia por encontrar una mesa, es una competencia que requiere de paciencia, velocidad, y la habilidad para incomodar con miradas a la persona que ya terminó de comer para que esta desocupe la mesa rápidamente. No nos íbamos a prestar para esto ni mucho menos para comer en las escaleras como a muchos les tocó. Es indigno que entre tantas ampliaciones que hacen en Corferias nunca se esmeren por ampliar la zona de comidas y pretendan resolver todo con carpas temporales, esto es un problema de décadas.

Los tumultos continuaban y del mismo modo el Deja Vu entre los pabellones. Lo diferente estaba en la sección infantil, me acompañaba mi sobrino de 11 años con unas insaciables ganas de explorar cuanto libro y juguete pudiera encontrar, pero en medio de tantos tumultos la experiencia se hizo frustrante hasta para un niño porque debí llevarlo de un lado a otro de la mano para evitar que se perdiera entre la multitud, no hubo espacio alguno que él pudiera explorar en total libertad. Habían espacios que ofrecían cosas especiales para los niños pero el tiempo en la FILBO es muy corto para pasarlo entre filas; nos arriesgamos a hacer una, la fila para ver un pequeño stand de Star Wars; casi media hora de fila para ver un cuarto con 3 figuras de LEGO sobre la saga, figuras que acapararon los visitantes para tomarse cuanta foto se les ocurriera.

Así pasaron las horas, miraba a lo poco que se podía mirar a mi alrededor y no encontraba nada que me llamara la atención, ni siquiera una “súper” oferta que fuera irresistible. Mi Mamá, quien también nos acompañaba, tampoco se hallaba en aquel lugar, nos mirábamos con cara de decepción y hasta de angustia por el excesivo número de personas y por lo difícil que era encontrar un espacio para admirar realmente todo el material que ofrecían las distintas editoriales. Fue ella la que me hizo caer en cuenta que encontrábamos lo mismo en casi todos los stands y por eso fue que ella solo se llevó de la feria un libro sobre aves. Tal vez el único que si disfrutó algo de la feria fue mi sobrino puesto que encontró algún material de su interés a precio asequible, lo demás que él quería adquirir estaba a precios superiores a los 50mil pesos, pero lo mas triste es que lo que él quería admirar estaba cubierto por multitudes o filas que lo abarrotaban todo.

Mientras atravesábamos el mar de gente me tope con una de las pocas cosas interesantes que vi en esta feria y no tenía que ver precisamente con libros. En un pequeño stand pude encontrar billetes de todas partes del mundo. Yo, numismático aficionado, me sentí atraído por ese pequeño recinto y di con el único objeto que adquirí en esta feria, a falta de textos sobre el conflicto en la antigua Yugoslavia compré un billete de 50 Dinares de Yugoslavia del año 1985, lo mejor de todo es que lleva estampada en él la imagen del Mariscal Tito.

Fue así como llegamos al segundo piso del pabellón empresarial, creo que era el de Colsubsidio. Allí encontramos otro momento de tranquilidad pero fue gracias a que el ambiente estuvo amenizado por unos gaiteros de los Montes de María. Mientras nos deleitábamos con su música apreciamos un pequeño stand de 4-72 en el que le enseñaban a los más pequeños lo que era una postal, del mismo modo nos daban la oportunidad de enviar una postal a cualquier parte de Colombia o del mundo, mi sobrino envió una a sus padres, pero para mi desgracia no encontré recurso que me permitiera tener en ese momento la dirección de la mujer que amo y que se encuentra en tierras australes, todo mal.

Y así transcurrió este recorrido por la feria del libro, en años anteriores se me iba el día entero allí, recorriendo de extremo a extremo el lugar una y otra vez sin ganas de irme, pero esta vez fue diferente. La congestión, la monotonía y la poca oferta en historia hicieron que por primera vez en mi vida me dieran ganas de irme de allí a las pocas horas y no querer quedarme hasta que me dieran las horas de la noche. Tal vez la congestión hizo que me perdiera la oportunidad de admirar algunas joyas escondidas por ahí, pero hago parte de lo miles de colombianos que solo pueden asistir a esta feria en ese último día domingo de feria debido a que la jornada laboral no nos da para más. Por desgracia no puedo admirar las charlas y conferencias como las de Coetzee, pero lo que me entristece esta vez es más una cuestión de fondo, de asimilar que mas que una feria cultural esta feria se ha convertido en una feria comercial repetitiva y que la oferta en materia de libros se hace escasa para las miles de mentes curiosas que sentimos un afán constante de investigar. Al partir noté que por primera vez en mi vida me fui de la feria del libro sin un libro entre mis brazos. Ahí la conclusión fue sencilla, te cambio un día de estrés en la feria del libro por mediodía de tranquilidad en la Lerner o hasta en Dislectura cerca a la Jiménez.

Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia
@GamboaM87

miércoles, 8 de febrero de 2017

TRUMP


El mundo quedó en shock, abrumado y desconcertado por la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos. Lo que sucedió el martes 8 de noviembre de 2016 es también una muestra de lo desgastada y sobrevalorada que esta la democracia, un sistema político que está lejos de ser el mejor aunque es el menos malo, un sistema político que en su esencia es el gobierno de las mayorías pero que en la realidad es la imposición de las mayorías.

Pero, ¿por qué Trump? Este fenómeno no es algo de pocos meses, es la conclusión de un sistema bipartidista desgastado al cual Trump entró como la anti política, como la forma misma de gobernar sin los engorrosos pactos burocráticos, sin la hipocresía, y con un espectáculo digno de un mundo apático al cual es difícil de sorprender.  En el país más soberbio y arrogante del mundo Trump ha arribado a la política como el entertainer, el entrepeneur, el super star. Trump es soberbio, arriesgado, ostentoso, machista, sin pelos en la lengua; Trump es el risky player, el maverick, el del amazing comeback. En resumen, TRUMP ES AMERICA!



Hace 8 años los Estados Unidos vivieron la juerga del Hope and Change, la esperanza de un mundo mejor en el cual ellos seguirían siendo el centro del universo. Hoy viven la resaca de ese Hope and Change, Obama fue un compendio de paños de agua tibia y los estadounidenses sufren porque ya no son el centro del universo, aún no saben cómo asimilar que hacen parte de un mundo multipolar. China, Rusia, Alemania, Reino Unido, Japón y hasta aquel Canadá del que tanto se burlan tienen más potencial hacia el futuro. Los Estados Unidos son una nación arruinada moralmente, el gigante de la Guerra Fría es ahora un país polarizado, con miseria en aumento, un país huérfano de poder que le debe millones los gigantes asiáticos. Al no saber cómo asimilar que son uno más, sus ciudadanos se han desgastado durante años en buscar culpables al declive de su potencial.

Es este contexto apareció Trump, colándose inicialmente entre Bush, Christie, Julliani, entre otros. Trump empezó a gestarse como el outsider, le dio a la gente lo que quería escuchar. Populista y  con tintes de dictador, Trump le envió un mensaje poderoso a un país herido en su ego, Make America Great Again. Trump apeló a la nostalgia por ese país que era amado u odiado en todo el mundo, ese país que muchos anhelan “arrebatarle” a latinos y musulmanes que los están “invadiendo”. Trump se llevó por delante a una Hillary Clinton desgastada por su campaña contra Bernie Sanders, una Hillary que perdió su gran oportunidad de ser presidente, no ahora, sino hace 8 años cuando los norteamericanos prefirieron en las primarias demócratas a un joven carismático e inexperto por encima de ella.

La llegada de Trump habla muy bien y muy mal del propio legado de Obama. En una época de sismos políticos alrededor del mundo Donald representa un golpe de opinión a una presidencia que no cumplió ni la mitad de lo que prometió, al mismo tiempo, sus primeros días de gobierno hacen ver a Obama como un gran presidente, aquel que se ganó el afecto de muchos a punta de carisma mientras bombardeaba medio oriente con drones y mientras su administración deportaba a más inmigrantes que todos los presidentes del siglo XX juntos. Para bien o para mal Trump se muestra tal y como es, un lobo sin disfraz que remplazo a un lobo disfrazado de oveja.

El Huracán Trump apenas comienza, el mundo está siendo sacudido de la forma más inesperada gracias a un magnate de reality show, un “ídolo” de barro, o de oro,  creado por los propios estadounidenses que hoy lo rechazan, aquellos que hoy vociferan el ya popular “NOT MY PRESIDENT” son los que hace unos años lo admiraban como el ideal estilo de vida americano. Hoy el reality es real, no hay libretos ni dramas sobreactuados, Trump es el jefe de una empresa en bancarrota moral que quiere devolverle a esta la “grandeza” en letras doradas mientras los estadounidenses son víctimas de su propio invento.

No será fácil para Donald ni para resto el mundo, en este caso no tendrá el poder absoluto al que está acostumbrado, pero seguramente el mandato popular, que por cierto es irrisorio al no ganar en realidad en el voto popular, le permitirá ejecutar las más atrevidas y desesperadas medidas para hacer que su país vuelva a ser el centro del universo. 

Yes America, Trump is now your president. DEAL WITH IT!


Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia
Twitter @GamboaM87