ADVERTENCIA: Esta columna no está dedicada a proteger a los nefastos medios de comunicación colombianos, es simplemente un paralelo entre dos modelos de propaganda oficial, el argentino en la era Kirchner y el de Bogotá en la era Petro. Es bueno hacer esta aclaración para evitar que los fanáticos caudillistas traten a quien les escribe como mentiroso, mafioso mediático, fascista, y cómplice del terror.
Pasados varios días del fin del mandato de Gustavo Petro es momento de realizar un análisis con cabeza fría sobre su gestión. Pero sin reincidir en los aspectos mencionados constantemente por distintos periodistas y académicos, y por los cuales el alcalde vive peleando a diario, esta columna pretende hacer un breve análisis de los 4 años del aparato mediático de la “Bogotá Humana”, en especial en el espectro televisivo.
Constantemente se comete el error de comparar ideológicamente al ya ex alcalde con el “castro-chavismo”, esto es una gran equivocación. La receta que nos aplicaron a los bogotanos durante los últimos 4 años, especialmente en el campo mediático, fue la del Kirchnerismo. Desde la llegada al poder de los Kirchner (Néstor y su esposa Cristina Fernández) se desplegó un gran aparato mediático gubernamental para promocionar los nuevos valores gubernamentales y para contrarrestar el aparato mediático controlado por el Grupo Clarín. En esta medida el derroche en publicidad estuvo enfocado en dos frentes, el primero destinado a promocionar los resultados del gobierno y el segundo destinado exclusivamente a señalar y culpar de todos los problemas del país a cualquier expresión contraria al gobierno especialmente a las críticas provenientes de los medios privados de comunicación.
Del mismo modo el gobierno Petro desplegó todo un arsenal de publicidad para mostrar a la ciudad más “humana” del mundo. Canal Capital se convirtió en el paralelo criollo del Canal 7 de Argentina, esa ventana gubernamental destinada a promocionar al nuevo alcalde con benevolentes estadísticas y a utilizar los errores de gobernantes del pasado para exculpar la improvisación de su gobierno. Aunque en Argentina fueron más allá del canal del gobierno, fue tal la polarización y el odio sembrado que prácticamente todos los periodistas llegaron a tomar partido privando a la ciudadanía de tener un análisis balanceado de la situación del país. Así las cosas de un lado estuvo el Grupo Clarín, eterno grupo mediático que con su maquinaria arremetió día tras día contra el gobierno de los Kirchner; del otro lado los medios del Estado y otras tantas franjas de opinión que había logrado coartar el oficialismo como los programas televisivos del Canal 9 Duro de Domar, y TVR (programa que se había convertido en la conciencia mediática del pueblo argentino y que pasó a servir a los intereses del Estado), además del canal de noticias C5N (aquel que se atrevió a dar como ganador de las elecciones presidenciales al oficialista Daniel Scioli).
Hay una cosa distinta en el caso Petro, este aun no gobierna a nivel nacional y por lo tanto no es tan fácil competir desde un canal regional con la maquinaria mediática de los medios privados de comunicación como Caracol o RCN. Pero la receta fue la misma, al igual que los programas de televisión argentinos como 678 (de línea editorial kirchnerista) el Canal Capital lanzó una franja de “opinión” con programas de similares características como ‘La Controversia’ presentado por León Valencia o ‘Las Claves’ presentado por el apático Antonio Caballero. Hay que reconocer que la franja de opinión de la “televisión más humana” logró ser más independiente que en el caso argentino y no se vio una marcada línea editorial desde el poder ejecutivo; aunque la línea editorial si se vio claramente reflejada en el magazín de las mañanas llamado ‘El Primer Café’ en donde Antonio Morales dejó a un lado su carácter periodístico convirtiéndose en fiel escudero del alcalde Petro y creyendo que vendiendo al gobierno local como “antisistema” lograría mantener la independencia que caracteriza a un buen periodista. Del otro lado, el de los medios privados de comunicación, también vimos este tipo de comportamientos erráticos por parte de periodistas de “alto prestigio” como Félix de Bedout y Vladdo quienes previo a la elección de Petro como alcalde le lanzaban grandes elogios como uno de los mejores políticos del país, pero a la llegada de Petro a la alcaldía se desataron en críticas contra el mismo sin asumir la responsabilidad de haberle dado “bombo” en el pasado, sobre todo en el caso de Vladdo quien parece haber olvidado que fue parte de la campaña de Petro a la alcaldía.
Otro de los periodistas que se jugó su prestigio en esta etapa fue Hollman Morris, quien desde la dirección del Canal Capital se convirtió en el Joseph Goebbels de la administración Petro, su “ministro de propaganda”, aquel que en cuestión de meses se convirtió en fiel lazarillo del alcalde a tal punto de lanzarse a la política por capricho de su amado líder y al extremo de respaldar la candidatura de reelección presidencial de Juan Manuel Santos por orden explicita del alcalde. En la etapa de Morris al frente del Canal Capital vimos el gran derroche de dinero en una serie con alto contenido ideológico llamada ‘Crónicas de un sueño’, esta ‘súperproducción’ fue una errada mezcla de ficción y documental, aburrida, con un marcado sesgo ideológico para culpar a la derecha de todos los males del país, y fue además un espacio tipo ‘infomercial’ para promocionar al Canal Capital. Este programa fue el resumen del paso de Morris al frente del Canal, un derroche innecesario de dinero destinado a la promoción ideológica, televisión empacada y vendida como “memoria histórica”.
En el caso argentino fue más fácil mirar hacia el pasado puesto que en este se hallaba una dictadura hostil y por desgracia el kirchnerismo utilizó este pasado oscuro para tratar de eximir a Néstor y a Cristina de cualquier crítica. Es la receta de la izquierda latinoamericana de creer que pueden hacer lo que se les da la gana simplemente porque fueron víctimas en el pasado. Es tan bajo este tipo de manipulación mediática que la propaganda oficial cae en los mismos vicios de los medios privados de comunicación como utilizar el dolor ajeno para sus propósitos particulares. A pesar de que en Colombia no vivimos una dictadura atroz como en Argentina si padecimos de una clase política tradicional que se atornilló en el poder a toda costa, y es esta clase política tradicional la cual utilizó Petro para creer que podía hacer lo que le daba la gana simplemente porque los del pasado lo habían hecho muy mal.
En este punto de victimización y explotación del dolor ajeno vale la pena resaltar otro aspecto similar entre las dos propuestas mediáticas, en el caso argentino el kirchnerismo utilizó a la noble asociación de ‘Las Madres de la Plaza de Mayo’ para sus fines políticos, del mismo modo el petrismo a utilizado políticamente a las víctimas de los falsos positivos quienes formaron una asociación que curiosamente se llama ‘Madres de Soacha’ y las cuales eran mostradas constantemente en el Canal Capital, no con el objetivo de socializar su drama sino con el objetico de utilizar su dolor para acusar de complicidad con la guerra a todo aquel que se opusiera a la “Bogotá Humana”. Esta vil y baja actitud, de utilizar el dolor ajeno para fines políticos, curiosamente recuerda a lo que hacen los Estados Unidos con ‘Malala Yousafzai’ quienes se dedican a pasearla por todo el mundo para hacerse ver como los buenos del paseo, los humanitarios; utilizan su experiencia de dolor para señalar al otro como poco civilizado y así poder posar ellos de democráticos y humanitarios.
Las similitudes entre el modelo televisivo kirchnerista y el petrista no terminan ahí y fueron a tal punto de tener un programa de “humor”. Fue así como el Canal Capital tuvo en su parrilla el programa ‘Juan Pérez Dice’, una copia barata del programa argentino ‘Peter Capusotto y sus videos’. Esta versión criolla con humor político no fue más que un programa ridículo, con risas tan forzadas que las de ‘Sábados Felices’, un programa hecho para burlarse de todo lo contrario al gobierno de Petro por un grupo de cuenteros que se creen Jaime Garzón; este patético programa llegó al punto de insinuar que todas, absolutamente todas las quejas de la ciudadanía en contra de la administración distrital eran simplemente mentiras de un complot mediático en contra del aquel entonces alcalde.
Por supuesto que no todo es malo. También se hizo una inversión para promocionar la identidad cultural, pero estos esfuerzos se ven opacados por ese espíritu de revancha digno de aquellos que abogan por la reconciliación pero que en la práctica no aplican su significado, creen que la reconciliación es decir que todo lo pasado fue perverso y que ser víctimas de ese pasado los exculpa de ser criticados por sus errores en el presente. Esta receta mediática fue tan solo un experimento como lo fue en general la ‘Bogotá Humana’, un experimento de gobierno de lo que sería Gustavo Petro como Presidente de la República. Es un buen momento para recordar estos antecedentes e imaginar un futuro no muy lejano en donde ‘Señal Colombia’ y ‘Señal Institucional’ pueden tener los mismos vicios de revancha de un gobernante resentido.
Creer que atacar a los medios tradicionales de comunicación es justicia social no es más que una excusa para levantar cortinas de humo y no abrirle espacio a la autocrítica. En medio de esta disputa entre medios oficiales y privados, como en el kirchnerismo y en la “Bogotá Humana”, aparece la verdadera víctima, el ciudadano común y corriente, aquel que recibe de un lado las mentiras mediáticas de los sectores privados, que nos hacen creer que todo va por mal camino, y del otro lado las mentiras mediáticas del oficialismo caudillista para hacernos creer que todo va por buen camino. Lo mejor es no caer en alguno de los dos extremos.
Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia
@GamboaM87
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