Colombia es un país en donde las cifras sobre el desempleo siempre son puestas en tela de juicio. Y no es para menos, en un país en donde abunda el rebusque y la insatisfacción laboral no es de extrañar que la generación de empleo en Colombia no sea una experiencia tan optimista como el gobierno nos la quiere presentar. Uno de los mayores dramas lo viven los profesionales universitarios, aquellos que tienen aspiraciones personales demasiado ambiciosas para un país en el que se fomenta la educación técnica como un estilo de vida prospero.
Hace algunos meses el Ministerio de Trabajo lanzo un programa de “Nuevos Empleos” destinados a aquellos jóvenes sin experiencia que deseen ingresar al mercado laboral. La ecuación es sencilla, el gobierno recibe el respaldo logístico de múltiples cajas de compensación para otorgar ese primer año de experiencia laboral, 6 meses pagados por el gobierno y 6 meses pagados por la caja de compensación respectiva. Pero para acceder realmente a este primer empleo debes atravesar un viaje extraño, tortuoso, incomodo, e incierto.
El viaje comienza un viernes en la Plaza de Bolívar en Bogotá, lugar donde múltiples cajas de compensación tratan de “seducirte” para que les pidas ayuda en la búsqueda de empleo. Obviamente te piden llevar tu hoja de vida y los infaltables certificados de todo lo que has hecho, hasta ahí todo normal. Luego debes hacer una eterna fila la cual va acompañada por el estridente perifoneo de la “Prosperidad Para Todos” y el “Todos Por Un Nuevo País”. En realidad la eterna fila y el papeleo que debes llevar no es un gran problema gracias a que vas alimentado por una cuota de optimismo puesto que no tienes nada que perder, pero al llegar al puesto de atención, luego de horas de fila, tienes el primer mal presagio. No te piden ninguno de los papeles que te habían pedido llevar, ni siquiera te piden tu hoja de vida, lo único que debes presentar en realidad es un formulario diligenciado. Así es, pasaste horas de fila en la Plaza de Bolívar solamente para diligenciar un formulario y para que te despidan con un “te estaremos llamando”. Por supuesto no se puede esperar encontrar empleo de inmediato, pero el sentido común te indica que al menos debieron recibirte la hoja de vida y todo el resto de papeleo que te solicitaron.
Días después te llaman de la caja de compensación, el optimismo renace. Te programan una cita de orientación en la sede de la caja de compensación que hayas elegido. En aquella cita te atiende tu orientador, la persona que, asumes, te debe dar una mano en tu búsqueda de empleo. En realidad no hay tal orientador, lo que te recibe es un psicólogo, un charlatán de esos que te dicen cómo vivir y que viven de los traumas ajenos. Este “orientador” te sermonea con el cuento de la actitud positiva y al notar tu apatía ante la basura psicológica te acusa de estar a la defensiva, luego empieza a ver tu perfil y al ver que eres profesional universitario aquel “orientador” se desarma, colapsa, entra en pánico; ya no está lidiando con los técnicos o bachilleres recién egresados que por desgracia se comen entero el cuento de la actitud positiva para hacer parte de una maquila “prospera”.
En este caso si te reciben tu hoja de vida pero para rayártela encima con “lo que debes y no debes hacer”. Del mismo modo este “orientador” crea tu perfil en el portal de empleos redempleo.gov.co, un portal de empleos mas pero a nombre del gobierno. En medio de este sermón te topas con una de las desgracias más grandes de nuestro mercado laboral, le informas al “orientador” que tienes una publicación académica, algo para lo cual trabajaste mucho y lo cual te llena de orgullo, y para tu asombro el “orientador” lo toma como una anécdota y no como algo digno de hacer parte de una hoja de vida. Más allá de estas frustraciones crees que el siguiente paso es una búsqueda efectiva de empleo pero no, te programan unos talleres de carácter obligatorio llamados “Taller de Competencias Transversales” y “Taller de Apoyo”; adicionalmente existe otro taller llamado “Taller de Claves” pero por fortuna quien les escribe no fue obligado a tomarlo.
Y así termina esta primera sesión, con sermón por “estar a la defensiva”, con indiferencia ante tus logros académicos, y con la orden de leer un libro llamado “Primero lo Primero, los 7 hábitos”. Llámenlo arrogancia o lo que quieran, pero de antemano se puede decir que después de pasar años de carrera universitaria leyendo a Hobbes, Luhmann, Foucault, entre otros, no es necesario tomarse la molestia de leer un libro de psicología barata para corregir tu “pensamiento estratégico”.
Por esos efectos de la paciencia y producto del no tienes nada que perder decides asistir a los talleres. Todo sea con el fin de conseguir empleo, ese empleo que te permita tener recursos para saciar tus ambiciones de educación posgradual, pero la experiencia en esos talleres será para la próxima entrega.
Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia
@GamboaM87
Jonathan Gamboa Melo
Politólogo. Universidad Nacional de Colombia
@GamboaM87
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